El Movimiento 23 de Marzo (M23) ha intensificado su ofensiva en el este de la República Democrática del Congo (RDC), lo que ha agravado una crisis humanitaria y de seguridad en la región.
A pesar de un alto el fuego recientemente anunciado por los rebeldes, la toma de la ciudad de Nyabibwe por el M23 refleja una escalada en los combates.
El grupo, al que se le acusa de recibir apoyo de Ruanda, avanza hacia puntos estratégicos como el aeropuerto de Kavumu, crucial para el suministro humanitario. Esta acción contradice el compromiso de los rebeldes de permitir el acceso a la ayuda.
Las tensiones en RDC están arraigadas en décadas de violencia, exacerbadas por las relaciones con Ruanda, que se remontan al genocidio de 1994. El M23, originado en 2012 como una facción armada tutsi, se ha convertido en el grupo rebelde más poderoso en el este de RDC, controlando regiones ricas en recursos minerales.
En los últimos meses, el conflicto se ha intensificado con más de 4,000 soldados ruandeses apoyando al M23, lo que ha llevado al gobierno congoleño a romper relaciones diplomáticas con Ruanda en enero de 2025.
El impacto de este conflicto es devastador a nivel humanitario. Según la ONU, 21 millones de personas en RDC necesitan asistencia, y la violencia ha desplazado a millones, generando condiciones de vida precarias en campamentos de refugiados.
La inseguridad alimentaria y el brote de enfermedades como cólera y viruela agravan aún más la crisis en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde la población vive en condiciones extremas mientras los combates continúan.